Tropezones de la vida

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Esos tropezones de la vida que nos hacen sentir superados, con una sensación de que somos peces fuera del agua. Esas experiencias que nos marcar para bien o para mal, no pasan por mera casualidad o evento fortuito del destino, son cabalmente esas vivencias que nos dan la experiencia para un futuro mejor. Esos eventos que sientes un zarpazo de dolor, son precisamente los que nos hacen levantar los pies para no volver a fracasar. Son nuestros mejores maestros, a un grado tal, que sobre esos asuntos nos volvemos expertos para poder aconsejar a otros más novatos en la materia. Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Dejamos de ser neófitos en un tema de la vida, para ser protagonista sobreviviente de la historia de una gran dificultad. Recorrimos con los pies descalzos un camino de brazas calientes, los pies se hacen peritos del carbón y de las piedras del camino. “Tropezón a tropezón se vuelve experto el pies más tarado, ya no tropieza en el suelo, ahora pisa con mucho cuidado”.

Ya no pisamos en falso, caminamos a lo seguro. Ese tropezón del ayer nos crea un presente más precavido y un futuro prodigioso. Trazando con nuestros pasos el camino de otros que ha depositado su confianza en la pericia que nos ha dado el tropezón aquel que casi nos mata, pero que, ahora es precisamente ese “pequeñísimo detalle” del pasado que ha logrado que seamos lo que somos, duchos y experimentados en el tema. De tantas metidas de patas que tuvimos la pata de se vuelve avispada.

Dios hace que los tropezones no sean tan malos, al final la piedra del camino será una aliada, que usaremos para avanzar y crecer. Un asunto de actitud hacia ese mal momento del ayer, que hace que se vuelva un elemento para bendición. Dios no se equivoca, si Dios no te libró y pasaste por “eso”, y sobreviviste a todo, como quiera Dios te libró, ya que te dio la fuerza requerida para tal travesía.

La palabra de Dios como mapa y como guía, como lámpara en medio de toda oscuridad, será la manera de mejor caminar. Salmo 119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino. Que tus pies no se queden atorados en un fracaso del pasado, que la pata sea experimentada aunque se quede un tanto doblada. Así como Jacob, que peleó por la bendición de la primogenitura, luego con Labán y por último con Dios, fue tanto que batalló que en la última batalla obtuvo la bendición de Dios y el procesos de la lucha hasta cojo se quedó. Tropezones de la vida que no siempre te hacen caer, sino que te adelantan pasos, siempre y cuando aprendas a superar el fracaso.

 

Jenny Matos
Mail: jennyferivett@hotmail.com

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