Cuando en tu empatía has soportado lo insoportable y sufrido lo insufrible, que no has levantado la mano frente aquellos que has bendecido y como pago te han devuelto malos tratos y humillaciones, es tiempo de entender que todo calvario humano tiene un tope y fin.

No eres la marioneta de nadie, ni zafacón de la basura de otros para que dejes que todos te ultrajen. Los narcisistas reclaman el planeta para ellos solos. Creen que sin ellos no habrá música para bailar, que se les entregó la batuta de tu vida. Así que deja de soportar algunas cosas, ya que mientras más les aguantes más los acostumbras a maltratarte.

Tu corazón tiene una capacidad de aguante, no puedes viajar toda la vida en piloto automático, porque te estrellaras contra alguna montaña de dolor. Simplemente hay personas que hay que frenar, debes de hacerles entender: ¡QUE CONTIGO NO!, así como los niños prueban hasta donde pueden hacer sus rabietas, los malcriados de la vida, los matones de la primaria, los abusivos, brabucones e intensos que creen que pasaras la vida para “ellos”, para ayudarlos a vivir más cómodos, para cargarlos en tus espaldas y cantarles canciones de cuna.

Hay gente grandota, que caminan solos, no necesitas cargar a manganzones que no pariste, tampoco a los que pariste, ¡Que te pasa!, piensa bien, hay tanta gente necesitada de ti, deja de invertir tu tiempo en quien no vale la pena y usa tus energías para hacer lo que Dios quiere que hagas.

Deja de buscarle la vuelta a quien cuando te encuentra vuelve a darte la espalda. Deja de cargar, deja de llorarles, ya has hecho mucho por ellos, has sufrido encarecidamente tratando de que exista un valle de comprensión, pero comprensión es precisamente lo que no han tenido contigo.

Sal de lugares, deja de llamar a personas que no te respetan, cierra esos teléfonos, huye de lugares donde hace años que estar allí es insoportablemente doloroso y date una oportunidad de ser feliz.

Abandona la falsa culpa que los manipuladores te han impuesto. Salta a otros lugares más pacíficos, no sigas bebiéndoles el  agua negra de sus palabras. Deja que se envenenen solos y busca pastos donde descansen tus pies.

La palabra de Dios es un botiquín de primeros auxilios para todo tipo de dolor, ella te ayudará a aguantar lo inaguantable, ilumina la oscuridad del camino con sus destellantes palabras, que dejará al final todo valle insoportable como un camino iluminado de paz.

Salmo 119:105 Lámpara es a mis pies, Tú palabra y lumbrera a mi camino.

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