“Ante el vicio de pedir, existe la virtud de no dar”

Por: Newton Hoogliuter González
El Dr. Joaquín Balaguer, quien fue Presidente de la Republica en varios periodos constitucionales, y que, en sus primeros 12 años, en un momento determinado, dio a conocer, específicamente, el 12 de febrero de 1972, un programa de ayudas sociales cuyo objetivo era favorecer a las familias más pobres del país, este programa se denomino la Cruzada del Amor, y era dirigido por su hermana la señora Emma Balaguer de Vallejo.
Echando a un lado por el momento, las disquisiciones políticas en relación a este hecho, porque el objetivo de este artículo es otro, este programa fue que puso de moda en este país la repartición de fundas de comidas y de electrodomésticos, asimismo como la entrega de juguetes el día de los reyes magos, y también la entrega de útiles deportivos a la clubes de los barrios más pobres del país, y canastillas a las madres parturientas. Hoy en día podemos deducir, sin ser un analista profundo de la sociología dominicana, que ese proceder de los gobiernos del Dr. Balaguer, trajo como consecuencia, que a los dominicanos les gusta, les encanta que le den cosas, que le regalen, y por consiguiente, si en un momento determinado no le dan, entonces hacen la acción inversa, es decir, piden. Amén de que todos los gobiernos sucesivos al Dr. Balaguer, hicieron lo mismo con diferentes nombres y modalidades, entregar dadivas, canonjías y regalitos al pueblo, con el objetivo político de comprar fidelidades.
El dominicano en sentido general, por los cuatro puntos cardinales del país, de Montecristi hasta Higüey, de Jimani a Samana, se la pasa pidiendo, a diestra y siniestra, no hay un lugar donde una persona asista, que no aparezca alguien pidiendo. Esta actividad reiterativa de pedir sucede en todos lados, ya sea en tu centro de trabajo, sea público o privado, siempre hay alguien, que te pide cincuenta o cien pesos para el desayuno, o para completar para su almuerzo o para el pasaje,o ya sea en tu barriada, que te encuentras un “pana” que te dice “no tengo ni uno” y luego te sale con que le des algo o le brindes una cerveza, y también te señalan con la siguiente expresión, “ese es de lo mío, personal”, con el plan deliberado y sutil de pedirte algo, o si vas a otro sector que ocasionalmente visitas, siempre aparece alguien que te pide algo, ya sea un pasaje o para comprar un pica pollo, o ya sea que tu estés en una heladería, o una pizzería o en un parque compartiendo, ciertos personajes se aparecen co unas mentitas, que te la ofrecen para “no pedir”, pero sabemos de sobra que es en eso que están, o ya sea parqueándote en la calle, o después de haberte parqueado, y ya retornaste a tu auto, en cualquier calle, siempre aparece un mozalbete, que te dice “ mi jefe, aquí estamos” con la finalidad que tu le des algunas monedas, preferiblemente las de 25 pesos, o ya sea en el semáforo, cuando esta la luz roja, no solamente hay decenas de vendedores, sino también gente pidiendo y muchas veces con exigencia. En fin, no hay un lugar en territorio dominicano, donde una persona se encuentre libre, de que individuos de diferentes edades, de ambos sexos, de diferentes tamaños y colores se acerquen para pedir.
En consecuencia, ese comportamiento de muchas personas en la sociedad dominicana, se ha convertido en un vicio o adicción que no se corresponde con una sociedad moderna que se preste o se califique como civilizada, el comportamiento normal y lógico de una persona no es precisamente estar pidiendo, y la falta de educación es un especie de licencia o de luz verde para muchos dominicanos estar en esa anomalía de vivir mendingando.

Comprendemos perfectamente, que nuestra nación es pobre, hay un problema existencial en la mayoría de los hogares dominicanos, incluso en los hogares de clase media, pero en los hogares pobres y muy pobres que son los más, las condiciones materiales de existencia escasean, brillan por su ausencia, los humanos necesitan techo, comida, medicinas, ropa, agua potable, energía eléctrica, y todo lo que conlleva al desarrollo de un hombre o una mujer, el costo de la vida se encarece, y la gente en sentido general tiene, como se dice en el argot popular “ buscársela como un toro”, todo esto es razonable, el Estado Dominicano tiene que buscar las formulas adecuadas, a través de sus instituciones, para fomentar el empleo, mejora la calidad educativa, optimizar los servicios de salud, etc.
La situación económica de nuestro país esta difícil, eso es muy cierto, pero sin embargo, esa no es una condición sine qua non, para que los hombres y mujeres de nuestro país se la pasen pidiendo, o planteándole sus problemas económicos a sus amigos y relacionados con el deliberado propósito de que personas buenas y solidarias (que las hay) le manifiesten su altruismo con algún dinerito.

Otra forma de pedir, es solicitarles a las personas préstamos amigables, o sea, que no recurren a un prestamista informal, o a una financiera, si no que buscan a una persona de confianza, o de sus afectos, y se lo requieren y hasta se lo suplican, y si eso se materializa, olvídense, que ese dinero no vuelve jamás a sus dueños, en otras palabras el prestar, o el decir PRÉSTAME DINERO, es en este país un eufemismo, y me explico de la siguiente manera, que lo que quiere decir esa persona es sencillamente REGALAME DINERO, y utiliza de contrabando la palabra préstame, y ordinariamente eso sucede, y con mucha frecuencia, porque muchas personas en nuestra sociedad ya no tienen escrúpulos y piden prestado con premeditación y alevosía, y no devuelven jamás el dinero prestado.
Si una persona se va a vivir a Estados Unidos, o a Europa o a Las Islas del Caribe, en busca de mejores horizontes, de mejorar su calidad de vida y su estatus, a veces no han transcurrido cuatro meses de haberse establecido en Nueva York o Nueva Jersey o Madrid o Roma o San Martin o Santa Lucia, cuando ya familiares, amigos y relacionados están pidiéndoles que les envíen o traigan celulares, tenis, aparatos de videojuegos, zapatos, pantalones jeans, chaquetas, relojes, radios, etc, etc, pero, por favor, ¡Virgen de los Encadenados!, es que no se dan cuenta que apenas se están instalando y lo que ganan es para alquiler y comida. Y cuando alguien viaja de paseo o de vacaciones, siempre, siempre, siempre, al regresar, alguien te dice la frase “que me trajiste?”, y eso resulta contraproducente y desagradable.
Lamentablemente, este panorama que describo es el día a día en nuestro país, y ni voy a mencionar lo que sucede en muchos barrios populares, y hasta de sectores de clase media, donde en la vecindad, se pide prestado de todo, planchas, licuadoras, ollas, alicates, cortaúñas, champú, libros, discos, vestimentas, etc.
La sociedad dominicana se ha convertido, o la han convertido en una sociedad de pedigüeños, pedigüeños consuetudinarios e impenitentes, la gente se la pasa pidiendo por doquier, en cada rincón de esta media isla hay gente pidiendo, gente sana, gente joven, adultos mayores en buen estado físico, aquí se ha visto a un hombre blanco, alto ,de más o menos 50 años, en diferentes estaciones de combustibles, bien vestido, acercarse muy educadamente a personas para decirles que su auto se quedo sin combustible, y que él había dejado sus tarjetas de crédito en su casa, pedirles dinero para gasolina, y es

una mentira, es una forma engañosa de pedir, en nuestra sociedad se ha establecido un negocio para poner a personas a pedir en diferentes puntos de la capital, en fin, esto es alarmante, penoso, indignante y frutratorio.
Reconozco que me da mucha pena los ancianitos que están pidiendo limosnas en la calle, eso me parte el alma, a esos los ayudo de buena manera. Pero para todos los demás les diré lo siguiente, “ANTE EL VICIO DE PEDIR, EXISTE LA VISTUD DE NO DAR”

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