Cuando tratamos ser otra persona nos traicionamos a nosotros mismos, nos perdemos por encontrar a otros cuando nadamos en el mar de la complacencia y no nos respetamos.

Dios nos diseñó de un modo diferente y en la biodiversidad de Dios se crea lo que dice el viejo refrán: «Existe de todo en la viña del Señor». Haciendo ver que hay cosas que nos unen y otras que nos separan, el principio fundamental está en ver en cuál punto nos unimos y respetarnos en las que diferimos.

Aun lo que es una misma carne (cónyuges), tienen diferentes mentes y formas de pensar. Sus paladares son distintos, las experiencias, gustos, colores, olores y sabores difieren, son esas incongruencias que el tiempo las vuelven congruentes e interesantes, ya que hasta los polos opuestos son atrayentes.

Pretender ser complaciente con todo el planeta te aniquila a un grado tal que te conviertes en tu propio verdugo. Perdemos la autenticidad rechazándonos y menospreciando nuestra manera de pensar y concebir las ideas.

No ser Yo o no ser Tú nos hace perder el poder de la autonomía y la libertad, poniendo en manos de depredadores los hilos de las emociones para que nos manipulen antojadizamente. Nos convierte en marionetas manejadas por los vientos de opiniones y caprichos de los que nos rodean.

Quién guste de ti, lo que más le gustará es que tú eres tú, si trata de cambiarte desde la primera vez que te trata, quiere decir que debes seguir de largo hasta encontrar a la persona que quieres encontrar dentro de ti, pero que no eres tú.

Cuando descubrimos quienes somos, no necesitamos muchos estímulos externos, buscar afuera quien llene nuestros vacíos no reparará ninguna muñeca roca, se vivirá eternamente en derrota ser quien en verdad no somos, porque perdemos la naturaleza de nuestro propio ser.

Cuando nos aceptamos ayudamos a otros a que nos puedan aceptar. Tú eres Tú y Yo soy Yo, porque somos seres únicos, geniales y originales, no lo dañemos tratando de ser Yo Tú y Tú tratando de ser Yo, no invirtamos los roles de la vida, yo me veo fea con tu bigote y tú raro con mi falda rosada, la vida se vuelve complicada cuando nos cambiamos de posición.

Este escrito es una breve reflexión a lo diferente que somos los hombres y las mujeres, de que todos tenemos partes nubladas, rarezas y excentricidades, Dios es que nos hace perfecto, detrás del espejo de Dios es que nuestras oscuridades toman color.

Vivir es dejar vivir al otro, sin anularla, sin ningunear sus opiniones y su forma de ser. No siendo invasores agresivos sino seres comprensivos avistando más las virtudes que las fallas, ya que el amor es la muralla que cubre todas las asperezas e imperfecciones.

Sin entrar en la polémica de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, ya que sabemos que somos terrícolas que no tenemos que ir a otras galaxias para saber que somos distintos y esto es lo maravilloso de la historia de la creación, de que Dios creó al hombre y luego creó una más hermosa versión, pero que ambos se complementan.

Escrito por Jenny Matos.