Según el maco las pedradas

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Crecí jugando con la muchachada pululando en los patios traseros, me tocó lugares donde hubieron humedades y vastos patios con charcas estancadas de aguas puercas, donde crecían seres vivos acuáticos, renacuajos que se convertían luego en ranas de diversas especies y tamaño, o más bien macos y los grandes los bautizábamos con su apellido, ¡Maco Pempén!.

Cometíamos delitos menores, como el robo de limoncillo, cerezas, mangos y tamarindo, hacíamos cocinaos en los callejones, los varoncitos eran cazadores furtivos de bichos, nos metíamos a las propiedades ajenas a atrapar mariposas, ahuyentábamos ciguas palmeras o Dulus Dominicus y lo último que mi memoria senil me trae a mis recuerdos era la matanza de macos. ¡Qué tiempos aquellos!, los chicos eran asesinos seriales de ranas.

No sé porque hacíamos estas cosas, quizás eran sana tal vez no tan nobles, y de seguro conductas aprendidas de la comunidad. Matar macos fue una diversión para los chicos, a las niñas nos resultaba repulsivo que nos saltase encima un anfibio. De adulta empecé a escuchar el dicho: «Según el Maco la pedrada»,  haciendo alusión a que el tamaño de alguna medida debía ser dependiendo del tamaño de la situación o la persona.

Si nos han tirado piedras grandes es que somos mujeres XXL, chicas de grandes dimensiones y duras de matar, la vida pasa de largo sino no eres importante, la vida tratara de ser tan dura como una piedra, pero es duro para la vida cuando le sales más duro que sus pedradas. Cada pedrada es un proceso que dependerá de ti si continuar bajo la granizada fría que se presenten en tu jornada para producir una hipotermia emocional, que te anule y te impida avanzar. Quizás lleves una que otra cicatriz es la prueba fehaciente de que sigues viva para un propósito, siendo tú el depósito de una gran experiencia vivida, de la tienes autoridad de hablar.

En el estanque de la vida somos como sapos, gordos y rechonchos, pesados saltando de aquí para allá, tratando ser escurridizos a algunas pedradas del destino. Pero al final encontramos a alguien con buena puntería y ¡Pum! Caemos rendidas ante una situación determinada.

Es inevitable el hecho de que todo el que tiene propósito deberá vivir procesos de pedradas dolorosas. La vida nunca será fácil para quien quiera viajar lejos y escalar la montaña empinada de la fe, pero quedarse en ese estanque de lágrimas peor seremos, si no intentamos saltar a un lugar más serenos.

Según el maco la pedrada, los macos que menos saltan son los más vulnerables a recibir el golpe fatal ya que son los más pesados, el negarse al salto es rendirse, saltando te sacudes del dolor de una piedra que atinó a tocarte, cada salto de la vida que hagas en fe será un gimnasio para tu alma. Te mantendrá atlética y en forma, no encontramos otra forma de escurrirnos de una que otra pedrada.

De la misma manera que nosotros matábamos macos inocentemente, muchos te tiran piedras hirientes por la vida, quizás sin saber que usaron la resortera de una palabra, pudiendo dar un pan te obsequiaron una piedra que dejó una herida mórbida. Si has saltado de dolor por alguna pedrada, no te quedes abrumada pudiendo saltar de alegría, Dios te dice hija mía yo te quiero saltarina pero no de tristeza sino de dicha y destreza, ya que en cada saltada como campeona olímpica te llevo entrenada.

Dios te dice: Si en una pedrada sientes que te estás muriendo es porque los cielos ya se están abriendo. Salta, salta hija mía, pero salta hoy a mis brazos, que hoy te prometo que te saco de ese estanque de aguas puercas.

Hechos 7:58-60 58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, murió.

Escrito por Jenny Matos.

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