Cuando una mujer supera sus adversidades

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Si sobreviviste cuando a situaciones difíciles te has enfrentado, cuando has navegado mar adentro de una dificultad tempestuosa. Quien su barca fue hundida y nadó a una isla desierta, viviendo a lo salvaje hasta que Dios llegara al rescate. ¡Eres tu propia heroína! ¡Eres sobreviviente no víctima!.

Sobreviviste cuando has recibo mal a quien coronaste con el bien, cuando recibiste una palabra de traición a quien le diste una palabra de aliento. Cuando levantaste a quien estaba caído y cuando estuvieron arriba te empujaron o te hundieron.

Sobreviviste cuando quien estaba acabado lo pusiste en el camino de la esperanza, fuiste parte de lo que posibilitó que lograran sus sueños, luego ellos eligieron ser parte de tus pesadillas. ¡Aún así sobreviste!.

Sobreviste cuando extendiendo la mano amiga recibiste una vil mordida. Cuando fuiste amable y recibiste una mueca hostil, una palabra burda, un comentario burlón, una conversación provocadora, una compañía llena de hipocresías.

Sobreviviste cuando otros hubiesen sucumbido en los lamentos, cuando te quebraste sin tener quien enmendara tus pedazos rotos y tuviste tu misma que recoger tus añicos, armar el rompecabezas y ser tus lágrimas tu propio pegamento. Cuando tú misma te vendaste tus heridas siendo tu propia enfermera.

Sobreviviste cuando quien podía ayudarte no lo hizo, cuando a quien fuiste a su auxilio se convirtió en tu verdugo. Cuando pusiste un hombro para llorar, cuando ofreciste un mendrugo de pan para el corazón hambriento, cuando fuiste amiga, cuando caminaste con el paso o con el peso, cuando fuiste hermana, cuando lo ofreciste todo y recibiste nada.

Sobreviviente es aquel que sirvió en bandejas de plata medicinas a un soldado herido de la guerra de Vietnam y le devolvieron un bebedizo de cianuro envenenado. Cuando después de haber puesto ambas mejillas, no están conformes quieren herir más tu corazón hollado.

Cuando a pesar de todas tus heridas, sigues estando viva, cuando ya no lloras, cuando Dios la vida te enamora. Cuando fuiste fuerte, aunque en ocasiones la tristeza asome, cuando te levantaste, cuando perdonaste y preferiste olvidarlo, entender el por qué de todo.

Sobreviste cuando comprendiste que fue sólo un aprendizaje, cuando aceptaste que en parte fuiste algo culpable. Que también tú cometes tus errores, que la vida gira y volvemos al principio. De que todo eso era necesario, para tener fe, para tener paz, para ser más fuerte, para ser tu dueña, para dejar de ser tonta, tan confiada, tan ingenua, tan pequeña.

Sobreviviente cuando ya ni te defiendes, cuando sabes que serás culpable en los tribunales humanos, cuando los jueces todos se han vendido y perdiste las ganas de una apelación estúpida. Cuando después de todo esto puedes respirar, volver a comer hasta engordar, volver a reír, ser feliz, volver a cantar, bailar. Convertirte en más sorda. Volver a ser tú, ponerte de pie, confiar más en Dios, volver a volar.

Cerrar los ojos para así orar, sin pedir justicia, sin esperar ser elevada por encima de quienes te han dañado, sólo orar por misericordia divina por la vida de aquellos que se constituyeron en el instrumento para bendecir indirectamente tu vida.

Cuando te superas a ti misma, cuando no compites con quienes te provocan, cuando los que hostigan descubren que ya no te afecta. Que ni mejorando sus tácticas lograr destruirte. Cuando ya se te alejaron los miedos, cuando te arropas con la manta de la valentía y la soledad no es algo tan brutal.

Cuando salgas del capullo tuyo y dejes de ser aquella larva fea pudiendo por fin abrir tus alas. Cuando a pesar de todo sigues soñando, no eres una víctima más, eres heroína, una mujer poderosa, cuando ya de ti no quede ni un pieza, entonces Dios te dice: ¡Princesa, ya estas entera hija mía! Terminé mi obra ahora eres una joya nueva.

Escrito por Jenny Matos.

 

 

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